Un fantasma en Coachella

Publicado por Admin -

Casi nada de lo que llamamos holograma en un show es realmente un holograma, esta palabra tiene gran profundidad conceptual, un poco más compleja de abordar. 

En abril de 2012, un festival en el desierto de California cerró con Dr. Dre y Snopp Dog  cantando al lado de Tupac Shakur, que murió en 1996, la figura de Tupac se movía, hablaba, gritaba el nombre del lugar y miles de personas levantaron el celular para grabar lo que al día siguiente la prensa llamó «el regreso holográfico» del rapero.


No hubo nada holográfico, la empresa que montó el efecto, AV Concepts, lo aclaró esa misma semana: no era tridimensional ni holográfico, apenas daba la ilusión de serlo, en realidad lo que el público vio fue una imagen plana proyectada sobre una lámina transparente de diez metros de ancho por cuatro de alto, inclinada sobre el escenario. Los proyectores estaban abajo, escondidos y desde lejos y en la oscuridad, la lámina es difícil de detectar.


Un vidrio inclinado y cuatro siglos de oficio


El truco se conoce como fantasma de Pepper, y fue John Henry Pepper, el químico que lo puso de moda en los teatros de Londres en la década de 1860, pero Pepper tampoco lo inventó fue en 1584, el napolitano Giambattista della Porta ya lo describía en su libro Magia naturalis, en un capítulo cuyo título sigue siendo la mejor definición del asunto: cómo ver en una habitación cosas que no están.


Un holograma de verdad funciona distinto ya que no guarda una foto del objeto: guarda el campo completo de la luz que rebotó en él, por eso, si uno camina alrededor de un holograma, ve otra cara, mientras que, en una pantalla, todo el mundo ve lo mismo desde cualquier silla, esa es la forma más sencilla para distinguirlos.


La reconstrucción de ABBA


En Londres funciona desde 2022 un teatro levantado para un solo espectáculo, donde los cuatro integrantes de ABBA aparecen en escena con treinta años menos. Para lograrlo, 160 cámaras los grabaron durante cinco semanas en el invierno de 2020. Después, cerca de mil artistas digitales de Industrial Light & Magic, el estudio de efectos de Star Wars, trabajaron ese material hasta convertirlo en cuerpos que caminan, respiran y sudan. Detrás de ellos hay tres pantallas de 65 millones de píxeles cada una.


Los productores del montaje se incomodan cuando alguien dice "hologramas" y lo hacen con mucha razón; además hay un detalle muy importante detrás, y es que, en cada función, frente a 3.000 personas, toca una banda de diez músicos de carne y hueso. 


Cuando la tecnología no es de cara al público sino al artista 


Hasta aquí, toda esta tecnología apunta hacia afuera: organiza lo que el público ve, no lo que el artista ve; en 2026 un equipo de investigadores publicó un experimento sobre el efecto de unas gafas de realidad aumentada en el desempeño de unos músicos, sentaron a 19 músicos frente a un pad de batería electrónica y les pidieron dos cosas al tiempo: seguir el ritmo de una pista y avisar con un pedal cuándo uno de los tres músicos virtuales los estaba mirando.


Durante el experimento compararon tres configuraciones, una con la imagen proyectada sin recorte y dos con gafas de realidad aumentada, que reduce el campo de visión a 52 grados, mientras que un par de ojos sin lentes de realidad aumentada abarca más de 180 grados de campo de visión.


El resultado fue que, con las gafas puestas, los participantes tardaron más en notar que alguien los miraba y calificaron la experiencia como menos disfrutable. En una fase previa, los investigadores contaron los cruces de mirada entre músicos que tocaban juntos: 62 veces con la visión libre, 27 con la visión recortada. Menos de la mitad.


Lo que el experimento muestra es que el campo visual es parte del instrumento con el que un músico toca con otros.


La prueba que Medellín le puso al artista, no al público  


Ruta N, en articulación con Medellín Music Lab se diseñó una prueba de escenario que le da la vuelta a las pruebas de siempre, no se trata de medir qué tan impresionante se ve la tecnología desde la silla del público, se trata de averiguar si un artista puede sostener su show con esa tecnología encima, en condiciones difíciles pero perfectamente posibles en una tarima real.


Para lograr esto el equipo mapeó estadio Atanasio Girardot con una cámara Insta360, sacó las panorámicas y reconstruyó ese escenario en 3D el cual se armó en Unity, el motor con el que se programan videojuegos: ahí quedaron la iluminación, y los personajes. El control es una aplicación hecha en React y alojada en Firebase y desde una tablet, un operador dispara uno por uno los escenarios que le van apareciendo al participante que ya con las gafas de realidad aumentada puestas, dejan de ver el estadio vacío donde estaban parados y aparece frente a sus ojos un estadio lleno.


Mientras el estadio cambia, el artista lleva puesto un dispositivo que el mismo equipo construyó, con electrónica y programación propias para registrar su ritmo cardíaco y su sudoración durante toda la prueba, los datos generados se muestran en pantalla en tiempo real con eso, el equipo evalúa cómo respondió cada artista a las condiciones adversas, previamente diseñadas y simuladas.


Todo lo anterior, el vidrio inclinado de Pepper, las pantallas de Londres existen para sostener una ilusión frente al público, la prueba de Ruta N y Medellín Music Lab invierte la dinámica, ahora la ilusión es para el artista y lo que realmente interesa es cómo responde a situaciones adversas y se prepara para su gran show. 

Conoce el episodio de la serie que muestra cómo lo vivieron: 

 

 

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