El informe Estrategia MDE como motor regional de transformación y transferencia, del Centro de Pensamiento de Ruta N, tomó las 150 capacidades de innovación de Medellín y Antioquia, es decir, lo que la región sabe hacer en ciencia, tecnología, emprendimiento y producción según la metodología de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Luego las agrupó en seis clústeres, grupos de sectores que comparten conocimiento, y midió cuánto puede aportar cada uno a los 30 retos que la ciudad se trazó en su plan de ciencia, tecnología e innovación a 2033.
Dos clústeres tienen el mayor alcance. La economía digital protagoniza en los 30 retos, y en 20 de ellos ofrece la solución directa. Eso incluye la ciberseguridad, la conectividad en los colegios, la formación en inteligencia artificial y que los sistemas de movilidad, salud y hacienda compartan información. La manufactura avanzada aporta la parte física, con la renovación de la flota de carga para un aire más limpio, la electromovilidad, las plantas para aprovechar plásticos y el desarrollo de nuevos materiales. Una pone los datos y la otra, la ingeniería. Juntas suman el 43,9 % del aporte total a los retos de la ciudad.
Hábitat sostenible reúne vivienda, construcción, comercio, moda y bienes de consumo. Es el clúster con mayor peso en la economía y el que reparte su aporte de forma más pareja entre las cuatro áreas del plan: ambiente, transformación digital, desarrollo social y desarrollo económico. Cada proyecto de vivienda, cuidado, turismo o moda que pone en marcha demanda tecnología y materiales de todos los demás. Salud y biotecnología guarda la mayor reserva científica de la región, con 49 de sus 62 capacidades en ciencia. Desde ahí sostiene retos como convertir los hospitales de alta complejidad en espacios para ensayos clínicos, llevar telepsicología e inteligencia artificial a la red de Escuchaderos y abrir oportunidades para que los investigadores con doctorado se queden en la región.
Energía y agroindustria tienen fortalezas concentradas. Energía alcanza el máximo aporte en los siete retos ambientales, y agroindustria contribuye de forma directa a la seguridad alimentaria, al aprovechamiento de residuos orgánicos y a las biofábricas rurales. El informe propone su siguiente paso: aliarse. Junto a la manufactura avanzada y la economía digital, energía puede dar vida al parque tecnológico de La Pradera y a la infraestructura de carga para vehículos eléctricos. De la mano de salud y biotecnología, agroindustria puede llevar la biomasa del campo antioqueño a la industria mundial de ingredientes funcionales, fitofármacos y cosmética verde. Con este mapa, la ciudad tiene evidencia para orientar la inversión pública y privada hacia donde su conocimiento llega más lejos.
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